El problema no son las dudas: en respuesta a Jordi Évole

Posted by admin at 11 juliol 2017

Category: Política

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Hace unos días, justo cuando los Comunes anunciaban su no-decisión respecto al referéndum del 1O, Jordi Évole publicaba un artículo titulado “Mis dudas ante el referéndum”. En él, decía que “estoy a favor de un referéndum vinculante, acordado entre los del ‘sí’ y los del ‘no‘”; en cambio, según él, el referéndum del 1O es “una partida cuyas normas han escrito ellos, las han aprobado ellos, las han presentado ellos, se las han aplaudido ellos“, siendo “ellos” los independentistas. Y claro, que ahora “ellos” pidan a los del “no” que vayan a votar es una desfachatez.

Cada uno de esos pasos argumentales encierra una pequeña trampa. Para empezar, decir que estás a favor de “un referéndum acordado entre los del ‘sí’ y los del ‘no’“, tal que así, es un poco como decir que estás a favor de un gobierno de izquierdas solo si cuenta con el apoyo del PP. Quiero decir que, entre “los del no” en el Parlamento catalán figuran, entre otros, el PP, Ciudadanos y el PSC. Los dos primeros siempre han rechazado frontalmente el referéndum sobre la independencia que cuenta con el apoyo del 80% de la sociedad catalana. El PSC alguna vez jugó la carta del referéndum “pactado” pero ante la evidencia de que el PSOE también lo rechazaba frontalmente, al final han acabado por sumarse a ese rechazo.

Como Évole no ignora nada de esto, supongo que cuando dice “los del ‘no'” se está refiriendo a ese espacio político en formación que se ha dado en llamar “los Comunes”. Para empezar, “los Comunes” no son exactamente “los del no”. Ahí dentro hay independentistas como Jaume Asens; gente claramente del “no” como Albano Dante; y gente ambigua como Ada Colau. Aquí es donde entraría en juego el segundo argumento de Évole: los Comunes no han sido invitados a configurar el referéndum. El plato del 1O se lo han guisado “ellos”, los indepes no-Comunes. Por tanto, no debe extrañarnos que los Comunes no vean con entusiasmo el 1O.

Esto seria cierto si no fuese por el hecho de que no es cierto. La mayoría parlamentaria independentista ha buscado desde el minuto 0 la participación de los Comunes y de su entorno social en los espacios formales e informales en los que se tenía que ir dibujando el referéndum. El Pacto Nacional por el Referéndum es solo un ejemplo, sin contar multitud de contactos hechos más o menos en privado. Y no han sido pocas las demandas de los Comunes respecto a este asunto que se han atendido desde el gobierno Puigdemont-Junqueras.

Entonces, ¿cual es el problema? ¿Por que los Comunes no están en el consenso alrededor del 1O? Pues porque están divididos: hay una parte de los Comunes que solamente acepta el referéndum en caso de que sea pactado con el gobierno español. Por ponerle siglas: ICV y los que, como Rabell, están en su órbita. Lo de “las garantías” es un eufemismo para no tener que decir “el pacto con Madrid”, porque ante la opinión pública catalana esto suena tremendamente ingenuo. Y es que lo es: en Madrid el PP, Ciudadanos y el PSOE están frontalmente en contra del referéndum, acordado o no. Nos queda Unidos Podemos, que caso que llegue a gobernar solo podrá hacerlo de la mano del PSOE, y hay que tener mucha imaginación para pensar que el PSOE aceptará un referéndum como condición para un pacto. Y eso si pensamos que Podemos será fiel a la defensa del referéndum, en vez de seguir la venerable tradición de la izquierda española de pasarse por el Arco del Triunfo las promesas hechas al catalanismo en cuanto se llega a La Moncloa. De hecho, Pablo Iglesias ya admitió en su día que el referéndum no era una línea roja para pactar un gobierno con el PSOE.

Así las cosas, el empecinamiento con el acuerdo con Madrid como condición sine qua non para celebrar el referéndum nos deja, en fin, en un escenario que Évole se supone que rechaza: esperar a que el año 2097 haya, tal vez, un gobierno en España que acepte llegar a tal acuerdo. Évole nos dice que no, que no hay que resignarse a eso, pero que “la alternativa no puede ser” el referéndum del 1O. Pero entonces, ¿cual es la alternativa? Lo digo porque señalar imperfecciones o costes en una decisión política es lo más fácil del mundo, pero para poder decir que “esa no es la alternativa” hay que plantear otra. Y volvemos a lo de más arriba: hoy en día, solo hay dos “alternativas” al referéndum del 1O. Una es no celebrar ningún referéndum. La otra, insistir en el referéndum acordado con Madrid hasta el día menos pensado. El 2097, siendo optimistas.

Ahí es donde está la última trampa del artículo de Évole: establecer una falsa simetría entre “el quietismo del PP” y “la urgencia del independentismo“. No solo es falsa porque el “quietismo” no solo sea cosa del PP, sino también del PSOE (la única puerta que Podemos tiene medio abierta para soñar con gobernar algún día, cabe insistir). No solo es falsa, tampoco, por el hecho de que el independentismo haya propuesto al gobierno español acordar el referéndum unas 17 veces en 5 años. Sobre todo es falsa porque no es el gobierno catalán el que está amenazando y persiguiendo al unionismo ni vía cloacas, ni vía represión. En un ambiente de persecución judicial y extrajudicial contra el independentismo, las “garantías” para que el referéndum se celebre en condiciones hay que exigírselas a los perseguidores, no a los perseguidos.

En definitiva, el problema no es tener “dudas”, sino escudarse en las dudas para ponerse de perfil cuando el régimen del 78 ruge. Para hacer eso ya teníamos a CiU. Por suerte, no son pocos los dirigentes Comunes (desde Joan Josep Nuet hasta Albano Dante) que lo entienden perfectamente. Con dudas, como corresponde a cualquier mente racional ante cualquier decisión compleja. Pero sin excusas y sin sombra de cobardía.

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