El territorio de Cataluña, ¿debe ser divisible?

La existencia de una nación es (perdonadme esta metáfora) un plebiscito cotidiano“,

Ernest Renan

No, este no es un artículo sobre Tabarnia. Es evidente que Tabarnia no es una propuesta política seria, sino una coña marinera que hay que tomarse como tal. Es, además, una puesta en práctica magistral de la máxima de Don Draper sobre la publicidad: “si no te gusta lo que se está diciendo, cambia de tema“. Después de años y años de (auto)vender(se) que en Cataluña había una mayoría silenciosa de unionistas, el unionismo ha perdido las elecciones catalanas otra vez, pero esta vez con cerca del 80% de participación. El autoengaño de la “mayoría silenciosa” ya no daba más de sí, y tocaba substituirlo por otra cosa antes de que alguien empezase a hacer preguntas.

El artículo, en cambio, va sobre lo que los “tabarnistas” con más intencionalidad política han afirmado demostrar con la coña: que el independentismo catalán es inconsistente éticamente, puesto que proclamaría la divisibilidad del territorio del Estado español, pero no del de Cataluña. Esto seria cierto si no fuese por el hecho de que es falso. Seguro que hay independentistas que conciben a Cataluña como una unidad territorialmente indivisible, pero también hay otros, bien relevantes públicamente, a los que la idea no parece asustarles. Pero el grueso de los opinadores unionistas, en vez de dialogar al respecto del tema con los independentistas, han preferido aporrear a un hombre de paja. He aquí, pese a todo, mi particular contribución al tema de fondo. Continue reading “El territorio de Cataluña, ¿debe ser divisible?”

Ni “sociedad dividida”, ni “espiral de silencio”, ni “dictadura”: un cambio de mayorías

Hace no tanto, el independentismo era una minoría muy minoritaria en Cataluña. El apoyo a la independencia variaba según la encuesta y lo que se preguntase, pero para hacernos una idea: según leemos en Catalunya, un pas endavant, (p.64), de Guinjoan, Rodon y Sanjaume, en el año 2005, en plena reforma del Estatut, el apoyo a la independencia, frente a otras opciones como el Estado federal, apenas rozaba el 15%. 8 años después, según los mismos autores (siempre basándose en datos del CEO), el apoyo a la independencia pasaba del 45%.

Yo recuerdo bien los años en que éramos una minoría. Años en los que, incluso cuando ERC (el único partido independentista en el Parlamento catalán, por aquel entonces) era relativamente fuerte, el independentismo tenía las de perder en cualquier debate público o conversación de café. En el mejor de los casos éramos unos utópicos soñadores, a los cuales la tontería se nos pasaría con la edad. En el peor de los casos éramos unos nazis aliados de ETA y ansiosos por empezar una limpieza étnica (nota: el que firma esto se llama Pérez Lozano…). Y en la mayoría de los casos se nos ignoraba o se nos tomaba a choteo.

No recuerdo que los independentistas nos quejásemos de vivir en una “espiral de silencio”, ni de que “claro, estamos en minoría porque TVE nos hace el vacío”. No llorábamos hablando de que “la sociedad catalana estaba dividida”, porque no lo estaba: éramos nosotros los que estábamos en minoría. No nos pretendíamos una “mayoría silenciosa” atenazada por el miedo. Nos sentaban mal las acusaciones de nazi-etarras, y frecuentemente las contestábamos, pero no cifrábamos en eso la causa de nuestras dificultades. En vez de pelear con el peor rostro de nuestros adversarios, nos fuimos centrando en escuchar y rebatir los mejores argumentos contra la independencia. Esa era la forma de ganar y, aunque suene ingenuo, de mejorarnos a nosotros mismos como movimiento.

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Sobre Arabia Saudí, Podemos y la True Left que no superó la Guerra Fría

La lucha contra el yihadismo, y en general contra la intolerancia religiosa, es una de las luchas fundamentales para los demócratas de nuestro tiempo. En esa lucha, es fundamental que las democracias aprieten a cualquiera que ampare, de una forma u otra, a los que promueven el terrorismo religioso. Incluyendo, en un lugar muy especial, a gobiernos como el de Arabia Saudí. No obstante, me llama la atención el reciente (y creciente) entusiasmo anti-saudí de Podemos, y de la True Left en general. Sospecho que la causa es que la True Left se toma esto como una puerta trasera para insistir en su esquema clásico de explicación de casi cualquier problema: la culpa del Mal es de Occidente.

La puerta trasera es que, dado que Arabia Saudí es aliada de EEUU, Occidente estaría detrás del yihadismo. De este modo, gente percibida por la True Left como “no-occidental” (los yihadistas) sería medio-exculpada por sus crímenes; su Mal no sería propio, sino una derivación de la Gran Fuente del Mal, que en el relato maniqueo de la True Left, heredado de la Guerra Fría, siempre ha de ser Occidente. Parecería que la furgoneta del 17A la conducía Hillary Clinton. Un poco como cuando los independentistas más maniqueos presentan la corrupción en Cataluña como una “contaminación española”. Pero antes de que la True Left se entusiasme demasiado con esa puerta trasera, debería considerar algunas cosas.

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Jihadisme, tòpics de l’esquerra i llibertat de consciència

L’horror del que va passar a Barcelona el 17A és tan obvi, tan cruent, tan evident, tan injustificable, que no veig necessitat d’afegir ni comentar res a les moltes condemnes que ja s’han expressat aquests dies. Entre elles, cal no oblidar-ho, la del gruix de la comunitat musulmana.

Sí que voldria parlar, en canvi, d’una cosa que ja m’ha cridat l’atenció en altres ocasions. I és que sempre que hi ha un atemptat jihadista tinc la mateixa impressió: una part de les esquerres se sent profundament incòmoda condemnant el jihadisme. No és que no ho faci, o que ho faci de forma insincera, sinó que sembla que ho trobi un tema molest, del que prefereix parlar el mínim i canviar de tema. Ho detecto en el fet que, juntament amb la condemna al jihadisme, i la raonable prevenció de no caure en la islamofòbia per combatre aquell, en el discurs d’una part de la militància d’esquerres abunden dos tòpics que, al meu entendre, desdibuixen el que hauria de ser una condemna rotunda, no ja del terrorisme, sinó a més d’una ideologia reaccionària, el fonamentalisme islàmic, que nega de dalt a baix tot allò que les esquerres se suposa que defensen. Els tòpics són els següents. M’entretindré una mica en discutir-los, sobretot el segon:

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Nota breu sobre la idea d’una “ciutadania crítica”

Quan sento que “l’escola ha de formar una ciutadania crítica” sovint tinc la impressió que l’emissor/a no entén el que està dient. Crec que vol dir “formar una ciutadania que pensi més o menys com jo”. La major part de les vegades, això vol dir “una ciutadania d’esquerres”. Una ciutadania progressista, defensora de la redistribució de la riquesa, ecologista, feminista, anti-LGTBIfòbia, anti-xenofòbia… aquesta mena de coses.

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El problema no son las dudas: en respuesta a Jordi Évole

Hace unos días, justo cuando los Comunes anunciaban su no-decisión respecto al referéndum del 1O, Jordi Évole publicaba un artículo titulado “Mis dudas ante el referéndum”. En él, decía que “estoy a favor de un referéndum vinculante, acordado entre los del ‘sí’ y los del ‘no‘”; en cambio, según él, el referéndum del 1O es “una partida cuyas normas han escrito ellos, las han aprobado ellos, las han presentado ellos, se las han aplaudido ellos“, siendo “ellos” los independentistas. Y claro, que ahora “ellos” pidan a los del “no” que vayan a votar es una desfachatez.

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El sonido de la libertad: el jazz frente al nazismo

En la imaginación de las fuerzas reaccionarias de la Europa y la América de los años 20, 30 y 40, el jazz ocupó el lugar que en los años 50, 60 y 70 ocuparía el rock’n’roll. Estos dos descendientes del blues han encarnado, en el plano musical, la decadencia moral y cultural de Occidente a ojos de los cenizos que vienen pronosticando el final de la civilización desde la era de las revoluciones ilustradas. Un movimiento reaccionario, en particular, destacó por el intenso odio que manifestó hacia el jazz: el nacionalsocialismo. Los nazis despreciaron al jazz, persiguieron a sus músicos y aficionados, y dedicaron una fuerte actividad propagandística a prevenir a los “buenos alemanes” de la amenaza que suponía la propagación de un sonido al que calificaban de entartete musik (“música degenerada”). Calificativo que el jazz, por cierto, tuvo el honor de compartir con gigantes como el judeo-alemán Felix Mendelssohn.

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Gabriel Rufián i la decepció amb el PSOE

rufEl que havia de ser el cap de setmana de Podemos ha acabat sent protagonitzat per un duríssim discurs contra el PSOE per part del portaveu adjunt d’ERC al Congrés dels Diputats. Gabriel Rufián va eclipsar Podemos com a veu de la indignació contra el suport tàcit dels socialistes a Rajoy, i va situar-se com a líder indiscutible del front sobiranista a Madrid (malgrat els curiosos intents d’alguns mitjans catalans per col·locar en aquesta posició un diputat del grup mixt).

Tant és així, que s’ha format una estranya coalició anti-Rufián, inicialment conformada per PP, PSOE i C’s, però a la que s’hi han sumat convergents de tot pelatge i, també, rostres destacats de l’espai d’Unidos Podemos. Entre ells ahir, Alberto Garzón, coordinador general d’Izquierda Unida, qualificava Rufián de «provocador i hipòcrita» pel fet de criticar el PSOE per facilitar la investidura de Rajoy i, alhora, donar suport al govern conjunt d’ERC i «la dreta», en referència a CDC.

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ERC, Els Comuns i el nou mapa de les esquerres

domenech-rufianEl proper 26 de juny es repetiran eleccions generals a l’Estat espanyol i, pel que fa a Catalunya, tot apunta a que el primer lloc se’l disputaran dues forces d’esquerres: En Comú Podem i Esquerra Republicana de Catalunya. Bones notícies, doncs, pel gruix de la societat catalana, que es declara de centre-esquerra i sobiranista: les dues primeres forces del 26J, a Catalunya, seran forces d’esquerres i partidàries del dret a decidir. Una d’elles, a més, independentista; l’única força independentista, d’altra banda, capaç de guanyar a Catalunya el 26J, cosa que ja dona pistes sobre fins quin punt l’independentisme ha virat a l’esquerra, per molt que CDC s’hagi esforçat per tapar-ho via llista única.

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Reflexió al vol sobre valors, individualisme, comunitat i diàleg moral

tianCerta dreta, i certa esquerra, critiquen sovint “l’individualisme moral” com un camí cap a la disgregació social. Quan els individus són el centre de la societat, es perd la possibilitat de tenir valors comuns, i sense ells no hi ha societat possible. Crec que aquestes crítiques fallen el tret. La qüestió no és si cal tenir valors comuns. Tota societat els necessita i els té. La qüestió és qui ha de decidir quins són aquests valors: si una elit (religiosa, acadèmica, política…), o el conjunt dels individus dialogant en peu d’igualtat.

Sens dubte, aquesta última posició requereix d’un concepte exigent de ciutadania: individus capacitats per, i disposats a, donar-se mútuament raons, a arribar a consensos i, alhora, a acceptar la discrepància. Algú dirà que això és una utopia. Però no cal anar molt enrere per veure com les “elits bondadoses” que miren de “tutelar” les societats acaben actuant pro domo sua quan es condemna la possibilitat de que l’individu discrepi, plantegi preguntes i prengui decisions per ell mateix.

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